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Problemas de una piel deshidratada

piel deshidratada

La piel, por ser el mayor órgano de nuestro cuerpo, merece atención y muchos cuidados. Y, para que esta mantenga su equilibro y sirva como barrera protectora, es necesario que se encuentre permanentemente hidratada.

Muchas personas se sorprenden cuando, al percibir ciertos síntomas, el dermatólogo les anuncia: “su piel está deshidratada”. Y estos problemas, aunque generalmente se perciben en edades más avanzadas, se acumulan desde la juventud.

Es cierto que, por la edad, al disminuir el ácido hialurónico, las células retienen con mayor dificultad los adecuados contenidos de agua, pero también otros factores son devastadores para la piel. Por eso, cuide sus brazos, manos, rostro, cuello y piernas, son ellos los que más sufren al estar permanentemente expuestos al medio ambiente.

Según los especialistas, una piel bien hidratada debe poseer un contenido de agua entre el 10 y el 20 %. Pero, ¿cómo se percibe esto?

 

Signos indiscutibles de la piel deshidratada

  • Piel con poco brillo, presencia de escamas y pequeñas arrugas. Esto signos aparecen en la cara y en todo el cuerpo.
  • Piel rugosa o tensa al tacto. Se perciben pequeñas estrías en las mejillas y en la frente, y arrugas en el contorno de los ojos.

 

¿Por qué se deshidrata la piel?

Los motivos más comunes son:

  • Aporte insuficiente de agua al cuerpo.
  • Desequilibrios alimentarios.
  • Carencia de vitaminas.
  • Abuso de alcohol o tabaco.
  • Exposición excesiva a condiciones ambientales en exteriores (viento, frío, sol) e interiores (aire acondicionado o calefacción).
  • Contacto habitual con ciertos productos (detergentes, disolventes orgánicos).
  • Patologías que provoquen una pérdida exagerada de agua: vómitos, diarreas.
  • Algunos medicamentos o tratamientos.
  • Estrés elevado.

 

Consejos útiles para evitar la deshidratación en la piel

  • Beber 2-5 litros de agua al día.
  • Dieta rica en frutas y verduras (aportan vitaminas y minerales).
  • Dormir, como mínimo, 8 horas al día.
  • Realizar ejercicios físicos.
  • Evitar la exposición prolongada al sol. Aplicar, además, crema hidratante nutritiva y protector solar.
  • Utilizar prendas de vestir que cubran la mayor parte del cuerpo.
  • Evitar la depilación y la exfoliación excesiva.
  • No seque su piel al aire.
  • Utilice cosméticos probados dermatológicamente.

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